Era un atardecer más de aquel frío estío,
¡ Ay, sol que conmigo ibas jugando !.
Recuerdo que caminaba rápido
para no poderte alcanzar.
¡Ay, Cordillera de mis Alpes !
Pisada y lastimada por mis pies.
Para ti ¡Cuánto daño !
Para mí ¡ Cuánto placer!.
¡Ay sol,yo subía aquella empinada vertiente,
y tú de regreso, hacia aquel lejano horizonte
Latino americano...
¡Al fin ganaste la partida!
Aquella tarde, recuerdo, quedé
triste y lloroso.
Presagiaba tu adiós ante aquellos
relieves de dos escarpados montes.
Ha pasado algún tiempo
y hoy corre por mis venas
aquella sensación de nostálgica tristeza,
ante llanto inconsolable.
Solo conservo como fetiche
el recuerdo de aquel esplendoroso arrebol,
junto a la silueta gris de tus míticas montañas
majestuosas, arropadas en blusa de encaje níveo.
¡Tú sol que me dejas el último flash
de aquella tarde misteriosa y embrujada.
Como testigo el Mont Blanc
dorado como cáscara de orange.
Mientras, mis pensamientos vuelan
hacia el Nuevo Continente.
Y llega la noche sin estrellas,
montes en silencio,quiescentes,
gélidos y mudos como testigos
de tu partida.
Silbidos de viento
...y yo me quedo triste.
José Ig Roca H
(Derechos Reservados)




